martes, 30 de agosto de 2011

Un Café En La Ventana


Me Quedé observándola, algunos segundos antes había preparado un café algo nerviosa y ahora se sentaba en la ventana, su mirada pérdida en el fondo de la ciudad, algo pálida y con un pensamiento en mente. Todo era como lo había pensado hace algunos años atrás, estaba sola en su departamento con vista al mar, esperando que ella le buscara tal como le había prometido. Suspiró y apretó la taza de café, como si esperara que esta se derritiera y que junto con el vapor que se desprendía de ella se fueran todos los recuerdos, pero parecía imposible.
El recuerdo de su sonrisa estaba sellado en su corazón, había dirigido su vida tal como la había planeado junto a ella, era todo tal cual lo habían soñado, solo faltaba algo y era estar juntas.
Años habían pasado hasta hoy, la encontró caminando en aquella calle que muchas veces recorrieron juntas hablando algo despistadas y desinteresadas de lo que ocurría a su alrededor, se habían reconocido al instante sonreído y hablado un poco, ambas lo bastante preocupadas para no tocar aquel tema que parecía en el recuerdo, pero no era así. Sus corazones se agitaron como al principio, sus ojos brillaron y los nervios les jugaron una mala pasada, de pronto la conversación se vio interrumpida por ese silencio incomodo que ambas odiaban y sin más remedio siguieron su camino algo torpes por los recuerdos que ambas tenían en mente.
Entonces llegó a su casa y preparó café, se sentó en la ventana y comenzó a pensar. Se sorprendió de haber adivinado su futuro cuando aún era una adolescente y se preguntaba si todo pasaría tal cual lo había imaginado, si era así esperaba el momento en el que ella llegara y al fin pudieran estar juntas nuevamente, por eso apretaba el café, esperando de corazón que realmente todo saliera como lo había pensado, yo la miraba algo intranquila esperando que me dijera algo, pero como siempre guardó sus pensamientos incluso los que le hacían daño, para mí no eran de mayor importancia, le conocía tan bien como a mí misma, tanto como para saber que se había encontrado con ella y que por eso había llegado tan deprisa, estaba aún su mirada perdida en la ciudad, cuando sonó la puerta tal como años atrás.

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